15.4.06

acto de mi vida y demás inquietudes.

Hay una nena. Y me refiero a su existencia. A su alrededor girar del todo. También hay otros seres. Vivos o inertes. Con buenas intenciones y nocivos. Activos y pasivos. Hay sustancias que hacen bien y hacen mal y recuerdan al verano pasado y hacen olvidar. Las dos últimas son distintas entre sí, y su combinación puede resultar dañina para la nena que no es más nena y los objetos frágiles de su entorno. Ahora se preocupé por un momento porque mañana hay algo que decir y no sé qué va a decir. A esta nena le pasaban más cosas de las que deberían estarle pasando, según su criterio que a criterio de un Milagro la hermana no tenía criterio.
La nena hablaba sola e imaginaba que M estaba escuchando. O a veces cumplía el papel de ambas, o a veces de ninguna. Nunca se sabía.
Era el verano, bien cargado de sentido y significados, que como siempre, algo son. La nena nadó el año y hubo partes más espesas, pero ahora se viene una rara. Ya afuera de la pileta, se larga a llover. Más gotas del mismo líquido –amniótico- que respiró durante 9 meses. O un poco más.
Y la música no ayuda.
Para entender ciertos pasajes hay que conocer mi falta de amor propio. Mis demasiados masoquismos juntos.
Bueno ya basta de pelotudeces.
Había nacido y no lloraba cuando el padre la agarraba. –cuidado con la cabeza que no se le terminó de formar- -ella un verano le pasó una cosa- y que no se le haga costumbre esto de expresarse mal señorita- -qué cosa más rara le pasó a la nena no? Se preguntaba la sal derramada. Qué mala suerte.
Pero si yo no había caminado abajo de una escalera ni pisado a un gato negro ni usado un sombrero. Con perdón de la rima.
‘está paralizado, no muerto’ me dice mi papá. Después de cambiar olores y dolores y latigazos. Es difícil saber que a veces no uso analogías y es cuando menos pensado. Pero sin dolor.
‘se me quebró la vida en dos, y la enciclopedia, y los rollos de fotos.’
Entonces por qué se busca lo malo si la lógica lleva a querer lo bueno. Yo me pregunto qué tiene de tan maravilloso ser feliz, y que todo salga bien? Es una cosa más, como mi silla de paja y mi acero de cuerno.
Sin embargo, en algún punto algo se quiebra. Y ahí hay que cuidarse. Que no se corte el hilo de la vida porque ahí sí que nada de amor ni tristeza ni un carajo.
Bueno, entonces yo: la criatura desconforme de sí misma busca refugio en ojos negros. Para no poder encontrarse. Me gustaría tener a esa voz que canta siempre acá conmigo. Me gustaría salvarte con mi fuerza que no parece querer servir más que para hundirme y salvarme con tu fuerza que no parece querer servir más que para hundirte. Que así sí funcionan.
Entonces la chica enamorada siempre se tira del balcón buscando a la Julieta que –se- fue. Pregunta a quien esté leyendo: por qué busco el algodón en la caja de agujas? –y sabemos que la caja ya la abrí y se me volcó encima pero insisto. Porque si tengo la caja de algodón al lado. Acá es cuando tienen que acordarse del masoquismo y los otros masoquismos y el autoestima inexistente. Entonces la mina esta se levanta del piso y vuela con los brazos abiertos. El vestido de retazos negros planea con el movimiento. El pelo que en la vida real no tiene también se mueve. No estaré mirando a otra persona y creo que soy yo? Si yo tengo el pelo corto, ninguna de las dos. –ojo vos (el vos de siempre actual, vos de vos, de nadie más) con las amplias interpretaciones, no hablo de nada que pueda llegar a pincharle – bueno pero no logro llegar al punto. Pasaron 365 días de una vida de colores. De tantas lágrimas que ya ni se acuerda. Pero ahora ya está bien –dice el doctor mientras le saca el suero- al lado la señora de rulos que no quería lastimar pero en las manos le habían salido espinas, y en la voz también. Yo no tenía alas. De qué hablo? De la libertad! De escribir. De abrir los ojos! Milagro se reía y estaba todo bien. Con una mueca manejaba la caída de la lluvia, la salida del sol y todo a su perfecta conveniencia. Cuando a las dos nos llovía se largó a llover, cuando hacía frío para que nos abracemos pero salía el sol pasaba eso. Cuando ya no hacía falta la excusa del frío para abrazarnos se fue, y quedó el sol. Y sabía hacer magia con sus ojos. De alguna forma podía mirar y hacer que adentro uno viera lo que más quería. Por suerte la pendeja se metió ahí adentro. Y después se cuenta que ya no fue vista nunca más. Porque el bolsillo era perfecto.