22.6.09

perrito

Un dia iba caminando por la calle y me encontre a un
perro muerto de hambre, estaba flaco y lastimado,
muerto de frio y asustado, no podia dejarlo asi, y me
lo llevé conmigo. Lo metí en mi casa para darle calor,
y apenas cruzamos la puerta el perro me mordió. La
pierna no paraba de sangrarme pero lo perdoné, porque
de un perro hambriento qué se puede pretender? Le
preparé un lugar en mi casa al lado de la estufa, el
mejor lugar de todos, le armé la cama y le cociné la
carne de mil nenes inocentes que acababan de nacer.
Sí, sacrifiqué a muchas criaturas para que mi perro
pueda comer. Al día siguiente se lo veía un poco más
contento, ya no temblaba de frío y había encontrado un
hogar, pero llegó la noche y le dio hambre, y me
volvió a morder para que lo vaya a alimentar. Volví a
la cocina y le preparé más carne, esa noche durmió muy
bien. Cada día que pasaba con el perro me encariñaba
más, me encantaba imaginar lo bien que nos llevaríamos
cuando se terminara el hambre y el trauma de la calle,
ya estaba enamorada, no podía volver atrás. A los dos
meses llegó el invierno, y con el frío se puso muy
mal, tenía más hambre, quemaba más grasa, entonces
quería comer más. Ahora me mordía dos veces en cada
pierna para avisarme que la ración de carne tenía que
ser mayor, y yo iba diligentemente a la cocina a
prepararle la cena con todo mi amor. Así pasaron 3
años, y el hambre nunca paró, maté a mil africanos
para saciar su voraz adicción. Llegó el día en el que
estaba bien gordo, ya no pasaba frío ni temor, su
lugar en la estufa era indiscutible y sabía que
contaba con mi infinito amor. Sin embargo el perro se
volvió un burgués, se acomodó en el refugio como si
fuera un rey, nunca dejó de morderme para pedirme
comida, al pobre perro lo malcrié. Hasta hace poco las
heridas dejaron de cicatrizarme, tuve que ir al
hospital, las mordidas envenenadas me gangrenaron la
carne y las dos piernas me tuvieron que amputar. Yo te
sigo amando perro hermoso, nunca amé a nadie así, pero
todas las estrategias que puse en prueba para curarte
fallaron y mil veces me caí. Ahora viene la segunda
parte de la sanación, esta parte me duele más que
cualquier mordiscón, voy a tener que dejarte pasar
hambre mi amor, para que compares y contrastes lo que
tenías con lo que tenés hoy. Hasta ahora te di una
casa, un refugio y mi corazón, pero así no funciona el
mundo y yo no soy dios, y si después de arrancarme las
piernas y comerte todo mi amor todavía te quedaste con
hambre y sentís que nada te llenó, todo se trata de
reajustar el estómago a cada ocasión, la comida no es
infinita y yo no voy a alabar al rey, tengo que dejar
que mueras de hambre o que aprendas a pedir la comida
bien. Ahora el perrito se siente mal, es un obeso en
rehabilitación, siente que nadie lo quiere que nadie
lo cuida, porque la ración de africanos se terminó.
Perrito, mi vida, tenés todo mi perdón, no me
preocupan mis piernas perdidas, mis huesos rotos y mi
desilusión, tenés mi perdón y tenés mi amor, pero no
tenés mi compasión, porque no quiero que te vuelvas
una bestia y no voy a tratarte como a alguien
inferior. Aprendé lo que es el hambre de quien muerde
la mano que lo alimenta, aprendé que los demás también
sufren y no sos la única que se siente muerta, aprendé
que no tenés corona y que solo te di amor, y que si
elegiste morderme cuando ya no hacía falta fue
puramente tu decisión. Verte pasando hambre me hace
tan mal, perro malcriado con aura de superstar, pero
el único con poder de salvarte sos vos, elegí pedir la
comida con un poco de amor, y más aún, elegí
alimentar, que de tanto cocinarte me olvidé hasta de
cenar, hay muchos que hoy se estan muriendo de
inanicion, aprovecha lo que tenes, y devolve un poco
de amor.