2012
Las bestias sin piedad emergerán de sus aposentos de oro, y bañarán al amanecer con el rojo resplandor de la sangre de sus víctimas.
Los reyes de la monstruosidad se elevarán desde los monumentos a los caídos, llorarán lágrimas premeditadas en presencia de un escribano y mil abogados, y destruirán la evidencia.
Ya no quedan pájaros por los que luchar, ni inciensos que quemar en las ofrendas de la noche.
Sólo quedarán las estrellas, mudos testigos vagabundos de otra era de placer.
Los pecados capitales ya son un listado de la ingenuidad. Qué bestias nacerán de nuestros vientres y quién será madre para criar? Y quién se tomará el trabajo de registrar el desastre y la perdición, para informar a mundos futuros sobre el arte de la destrucción?
Un día el último pájaro va a pestañear, y ya no existirá ni el cielo ni la tierra, ni noche donde esconderse del acusante hostigamiento de la luz de la conciencia.
Los reyes de la monstruosidad se elevarán desde los monumentos a los caídos, llorarán lágrimas premeditadas en presencia de un escribano y mil abogados, y destruirán la evidencia.
Ya no quedan pájaros por los que luchar, ni inciensos que quemar en las ofrendas de la noche.
Sólo quedarán las estrellas, mudos testigos vagabundos de otra era de placer.
Los pecados capitales ya son un listado de la ingenuidad. Qué bestias nacerán de nuestros vientres y quién será madre para criar? Y quién se tomará el trabajo de registrar el desastre y la perdición, para informar a mundos futuros sobre el arte de la destrucción?
Un día el último pájaro va a pestañear, y ya no existirá ni el cielo ni la tierra, ni noche donde esconderse del acusante hostigamiento de la luz de la conciencia.

