7.7.09

Ceniza

todos los recuerdos de la vida,
no reconstruyen a la vida,
pero confiamos en que basten
para asegurar su existencia.
Todas las partes en las que
fragmentamos al tiempo
todas las lenguas en las que
hablamos del fuego
todas las veces que ardió el corazón.

Todo lo mortal en mí morirá,
y lo agradezco.

Para dar paso a lo sagrado y eterno
que se esconde imperturbable
atrás de esta tormenta

Todas las veces que ardí en el fuego,
el centro cardíaco rojo lastima al cuerpo,
la fiebre la locura creciendo sin piedad,
por qué habríamos de tenerle piedad a lo que es mortal?

Confío en el diseño divino que me trajo hasta acá.
Confío en el tiempo y el lugar
y en lo que no hicimos y lo que nunca pasará,
confío en que ya haya pasado,
en otro tiempo, y otro lugar.

Y me entrego y agradezco la falta de opciones
y la vehemencia inaudita con la que me destrozó.
Agradezco la certeza de lo inmutable
para aprender a mutar.

(Y si se extinguen las mutaciones y en el fondo nada logra cambiar,
agradezco la certeza de que nada pueda cambiar)

patrón perfecto que construye, sin miedo,
lo que siempre discutimos
y dudamos,
como si existiera algo llamado voluntad.

Agotamos los recursos del espacio.
Todo se consumió y falleció.
Se tiene que dejar de ser,
para dejar al resto estar.